1188854

14 el pasillo. A lo lejos, en la pequeña habitación dedicada a cuarto de planchar, vio la luz encendida. Caminó hacia allí. Su madre estaba planchando. Tenía una montaña de ropa arrugada a un lado y dos pilas perfectamente ordenadas de prendas ya planchadas al otro, fruto de su obstinada y aplicada labor. Miguel se detuvo en el quicio. Ella ni le miró. —¿Qué es esto? Aún llevaba la hoja de papel en la mano. —Creo que está claro, ¿no? —contestó su madre. —Aquí dice que estoy... despedido. —Ajá. —Ya —sonrió. La mujer pasó la plancha por encima de una de sus camisas. Se la había puesto el día anterior y le había durado limpia menos de veinte minutos. Hubo bronca. —Es una broma, ¿no? —congeló él la sonrisa en su rostro.

RkJQdWJsaXNoZXIy