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117 Los tres salieron de la salita. ¡Estaba en casa! —¿Tienes hambre? —preguntó ella. ¿Hambre? ¡Se comería un caballo! Y caminando, sin correr, con mucho cuidado, se dirigió al comedor para sentarse en su sitio y ponerse al día con su desfallecido estómago.

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