18 Brutus era todo lo contrario a lo que su nombre indicaba: educado, respetuoso, amable y solidario, lo cual fastidiaba enormemente a Arturo. Aun así, lo vestía siempre con ropa negra y le hacía lucir un collar de pinchos, como si fuera un pitbull. Si alguien se acercaba solía advertir que mordía y si conseguía asustarlo se crecía un poquitín. Hasta que Brutus abría la boca para disculparse amablemente y el hechizo se desvanecía. —Acabamos de empezar, aún me queda mogollón. —Qué fastidio —observó Arturo—. Deja que los haga Lamp y vente tú al parque. Greta chasqueó la lengua. —No digas tonterías, si los hace Lamp suspendo fijo. —Pues sí, Lamp es un desastre. Greta calló. Una cosa era que lo pensara ella y otra que Arturo, supuestamente su amigo, lo dijese en voz alta. Era injusto que los ángeles de sus compañeros de clase les hicieran los deberes mientras
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