19 ella se dejaba los codos estudiando con un ojo mientras con el otro ojo controlaba que Lamp no la liara parda. —Vale, pues llamaré a Edu —concluyó Arturo práctico. Edu era otro chico de su clase, el siguiente en la lista de proximidad a la casa de Arturo. Así de frágil era su amistad. Greta estaba convencida de que, si algún día cambiaba de barrio, su intimidad con Arturo se disolvería en la distancia. Colgó el teléfono y llegó a la amarga conclusión de que estaba más sola que la una. Bueno, tenía a Lamp. —Ya he terminado —soltó Lamp contentísima—, ¿vamos a jugar? —¿Has terminado el qué? Aunque ya sabía la respuesta, claro. —Los deberes de Inglés. He rellenado todos los huecos. Greta agarró el cuaderno y constató horrorizada que Lamp decía la verdad, había rellenado
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