21 3 Llegaron al parque justo al anochecer. Arturo y Brutus ya no estaban y Greta, tras echar una ojeada rápida, confirmó que no quedaba nadie conocido jugando. Tendría que conformarse con Lamp. —Vamos a columpiarnos —propuso. Era entretenido. Una vez, gracias a la fuerza de su ángel, había dado tres vueltas de campana, un récord insuperable. —¡Un momento, voy a saludar! —¡Lamp, he dicho a los columpios! ¡Lamp, vuelve! Lamp corría justo en dirección contraria y Greta se sintió estúpida. Su robot tenía ideas propias, amigos propios y gustos
RkJQdWJsaXNoZXIy