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24 El columpio junto al suyo frenó con la función del ángel, que lo inmovilizaba súbitamente, sin bamboleos ni vacilaciones. —Apéate, Charlie, nos vamos. —Pero mamá… —Esta niña es una salvaje sin ángel. ¡Qué vergüenza! La madre con el niño y su ángel se alejaron rápidamente y Greta suspiró. Estaba acostumbrada. Lamp desaparecía con tanta frecuencia que no le quedaba otro remedio que apañárselas sola. Y de pronto se dio cuenta de que la partida de petanca había acabado y que no quedaba ni rastro del señor Delfín y su pandilla. —¡Lamp! —gritó saltando del columpio y aterrizando de rodillas. Demasiado tarde. Lamp había desaparecido. No eran pocas las veces que la había perdido y que había tenido que inventarse una excusa para que sus padres no descubrieran que Lamp, su niñera, la había abandonado por perseguir

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