25 una pelota, un pájaro o jugar con un caniche. De hecho, se había comido un montón de castigos por su culpa. —¡Lamp, se ha hecho tarde, vámonos! —voceó. ¿Dónde se había metido? Prácticamente era de noche y el parque estaba de lo más solitario. Y en esas, dando tumbos y aguzando el oído, le pareció oír el eco de risas y gritos. Si había fiesta, seguro que Lamp estaba en medio del cotarro. Efectivamente, la encontró junto a la verja y rodeada del grupito de Sofía, una niña de su clase. ¿Qué demonios hacía Lamp con Sofía? —¡Otra vez, Lamp! —chilló Sofía aguantándose la risa. Greta vio como Sofía agarraba una pelota con la intención de lanzársela a Lamp. ¿Sofía jugando con Lamp a la pelota? No encajaba en absoluto. Enseguida lo entendió.
RkJQdWJsaXNoZXIy