7 1 —¡Gretaaaaaaaaaaaa! ¡Gretaaaaaaaaaaa! Desde su escondite, a Greta se le escapó una risilla traviesa por debajo de la nariz. Si la madre de Greta hubiera levantado la vista, habría descubierto a su hija, agazapada junto a Lamp, observándola desde el tejado de la casa. En parte para librarse de limpiar la cocina después de la merienda, en parte por el placer de transgredir las normas. —Tal vez deberíamos bajar —sugirió Lamp algo incómoda. No le gustaba desobedecer a una adulta, era una orden primordial. —Anda, Lamp, no seas corta-rollos… Greta le hizo un guiño con complicidad.
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