10 pero Lamp se había quedado inmóvil y con la mirada perdida en el horizonte. —¿Lamp? ¿Bajas o qué? —le gritó impaciente. Lamp respondió con dificultades, parecía mareada. —Sí. Eeees looo cooooorrrreeeeectttttttt... Acto seguido, sonó un chirrido metálico y quedó totalmente paralizada. —¡Mierda! ¡Ahora no, Lamp! Pero sí. Greta maldijo su suerte en silencio. No servía de nada lamentarse, nadie la oiría. Con muchísimo esfuerzo consiguió arrastrar el cuerpo metálico de su ángel y deslizarlo por la trampilla, pero tuvo la mala pata de trastabillar y perder el equilibrio. Lamp le cayó encima con todo su peso de chatarra inerte. Uno, dos, tres…, contó en silencio mientras movía lentamente brazos y piernas y apartaba a un lado a su robot. Afortunadamente, no se
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