11 había roto nada, aunque le dolía todo el cuerpo y se había magullado el codo izquierdo. Se levantó con dificultad, agarró a su amiga por las muñecas y la arrastró por el suelo, intentando no hacer ruido, hasta llegar a su habitación. Una vez dentro, le levantó la camiseta, le palpó la espalda en busca de la ranura, conectó el cable del cargador de la batería y esperó a que volviera en sí. —Es lo correcto —dijo Lamp, sin inmutarse, tan pronto como abrió los ojos. Greta no respondió. Ya sabía que Lamp no tenía la culpa, lo sabía… y, a pesar de saberlo, le irritaba la poca autonomía de su batería y sus constantes errores. Nunca podía hacer planes con ella. Cuando sus padres la compraron en una tienda de segunda mano, años atrás, le pareció que Lamp era el mejor ángel del mundo. Ya entonces era un modelo antiguo, pero no le importó, tenía todas las funciones necesarias y parecía tan simpática, tan cariñosa, tan comprensiva…
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