122 En el Castillo del Terror el miedo estaba garantizado. De eso se ocupaban el fantasma, el vampiro y la momia, que eran asustadores profesionales. Pero lo cierto es que estaban un poco tristes, porque todo el mundo huía espantado de ellos. El vampiro se quejaba a menudo: –Estamos solos, solos, «requetesolos». Aquella noche, en el castillo había una invitada inesperada. De detrás de una armadura, salió una brujita con pelos de fregona y colgante de araña. –Soy la bruja Brunilda. Y no me dais nada, pero que nada de miedo. El fantasma le sonrió: –¿Sabes qué? Que me alegro. Estoy hasta la punta de la sábana de asustar a la gente. El vampiro y la momia lo apoyaron: –Nos gustaría tener nuevos amigos. Pero todos se van. EL CASTILLO DEL TERROR
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