8 Decididamente, a su madre le pasaba algo. —Pues... no —proclamó inseguro. —Vale, pues nada. Voy a ver qué hago para cenar. ¡Hasta ahora! Salió de la habitación, echó a andar por el pasillo... ¡y siguió canturreando! Durante la siguiente media hora, hasta la llegada de su padre, no pasó nada relevante. Por lo menos su padre no llegó canturreando. Llegó como siempre, abrió la puerta y gritó desde el recibidor: —¡Hola, familia! En otras circunstancias, él se levantaba, salía al pasillo y le daba un beso de bienvenida. En otras circunstancias, su madre le respondía desde la cocina y le reclamaba ayuda para la cena, que hacían a medias cumpliendo los nuevos cánones de paridad hombre-mujer. Pero estaba claro que no eran las mismas circunstancias de cada día. Antes de que Fernando llegara a medio pasillo, su madre ya se había echado en brazos de su padre para darle un
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