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9 soberano beso en la boca, saltando como una colegiala. ¡Lo que había que ver! —¿Y eso? —preguntó también sorprendido el recién llegado. —¡Ah! —dijo ella con misterio. Allí pasaba algo. Vaya que si pasaba algo. Fernando siguió optando por callar. Si preguntaba a qué venía tanta alegría, su madre igual le respondía con alguna peculiaridad como «¿Es que no estoy siempre alegre yo?» o «¿Qué pasa, es que me ves siempre seria o qué?». Lo dicho: los mayores eran un mundo cerrado y hermético. Mejor no meterse en líos. La cena transcurrió feliz. Más que feliz. Su madre preparó una de sus ensaladas especiales y su padre hizo una tortilla de patatas de primera. La charla fue distendida, igualmente alegre. Nada de hablar de trabajo, ni de lo que pasaba en el mundo, que siempre era

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