1629250

11 daba un par de metros a la izquierda. Agudizó el oído al máximo y llegó justo a tiempo de escuchar cómo él decía... o más bien gritaba: —¿QUÉ? Luego, su madre: —¡Chst, baja la voz, que te oirá Fernando! No le hizo caso. —¿Estás SEGURA? —¡Que sí, segura, me lo ha confirmado esta misma tarde el médico! La palabra «médico» nunca auguraba nada bueno, pero en este caso parecía ser un motivo de alegría. Fernando casi dejó de respirar. —Pe-pe-pero... —tartamudeó su padre. —¿No estás CONTENTO? —preguntó ella. —S-s-sí... Es que... ¡Qué fuerte! —¿A que sí? —¡Ay, Eloísa! —¡Ay, Ramón! Debieron de darse un beso o algo así, porque dejaron de hablar unos segundos.

RkJQdWJsaXNoZXIy