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17 «Los judíos solo pueden sobrevivir en un Estado judío», he oído decir, tantas veces que he perdido la cuenta. Tantas veces que podría recordar cada voz, cada cadencia, hasta que todas esas frases se convirtiesen en una sola, en un kaddish1 a los muertos. Toda tu familia ha servido en el Ejército. Todos tus amigos servirán en el Ejército. En Israel no te niegas a alistarte, simplemente. —¿Recuerdas ese programa que hicimos el año pasado en clase? Trajeron a chavales de Palestina para que pudiéramos hablar de, no sé, la paz y cosas así. Yanky arquea una ceja. —Recuerdo que no participé —sonríe—. Tengo la ligera sospecha de que los profesores no pensaron que fuese una buena influencia. O estaba en el hospital. ¿Qué pasa con ese programa? —Me gustó mucho —siseo, viendo cómo el sol empieza a salir entre los edificios como un brochazo naranja y dorado—. En plan… sabía lo que pasaba en Palestina, claro, pero… —Me muerdo el labio inferior—. Dios, esto va a sonar fatal, ¿pero es como si pensase que se lo merecían? O sea, ya sabes lo que nos cuentan. Que están controlados por terroristas, que no nos dejan tener la tierra que nos pertenece… —suspiro—. Pero conocí a chavales de nuestra edad, y las historias que contaban…, no sé. Que hacía años que no veían a sus abuelos porque no pueden salir de Cisjordania para ir a Gaza, que no son 1. Oración que los judíos rezan a los muertos.

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