1801133

19 los demás piensan sobre nosotros, siempre ha permanecido. Simplemente, nunca se nos ha dejado entrever que podría haber otra cara de la historia, así que no buscamos. Esas fueron las garras. El día que mamá me dio la carta con la información para mi próxima entrevista con el Ejército me di cuenta de que no podía alistarme. Solo eso. Me azotaron todas las historias que había leído y todas las cosas que me habían contado. Ese fue el golpe definitivo. Se lo explico a Yanky como puedo, que no es de una manera muy eficiente, porque son muchas cosas (cosas de las que nadie habla jamás) y siempre me tiembla la voz y me sudan las manos cuando hablo de aquello que me apasiona. Pero Yanky solo asiente, en silencio, porque la magia de Yanky radica en escucharte siempre sin juzgar. —¿Y qué vas a hacer ahora? —dice, con extrema suavidad. —Por lo que parece, ir a la cárcel. Me ha llegado una carta del Ejército. Tengo que presentarme delante del comité que decide si eres un objetor de conciencia, pero he estado leyendo al respecto y eso nunca pasa. Y negarte a alistarte es ilegal, así que… Yanky asiente con la cabeza, con los ojos fijos en algún punto del horizonte rosa y naranja. —Vale, pues entonces nos casamos. Intento contener una risotada, lo que se transforma en un sonido horrendo que me sale de la nariz. —¿Qué?

RkJQdWJsaXNoZXIy