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20 —Las mujeres casadas no tienen que servir. Nos casamos, esperamos a que te llegue la carta que te exime del Ejército y nos divorciamos. —Coge la taza otra vez, probablemente porque ha decidido que a estas alturas ya no pueden sorprenderlo muchas cosas—. Lo hace mucha gente. Alzo una ceja. —Yanky, siento tener que decírtelo, pero no te veo de esa manera. Me hace un corte de mangas. —No te eches flores, rica, que tú tampoco eres mi tipo. Pero soy generoso. Te libras del Ejército y tienes el privilegio de estar casada conmigo. Todo son ventajas, la verdad. Y no es tan descabellado. Nos conocemos desde que éramos críos, ¿no? Y tú irás a estudiar a Reino Unido y yo me quedaré aquí, así que siempre podemos decir que nos divorciamos por la distancia y cosas así. Me río y niego con la cabeza. —Yanky, me queda mes y medio para los dieciocho. No creo que esté lista para casarme, aunque sea de mentira. Vuelve a arquear una ceja. Es uno de sus mayores talentos, junto con encontrar las películas de miedo más cutres y los memes más específicos para cualquier situación. —¿Pero sí para ir a la cárcel? Me desinflo como un globo triste. —Estoy metida en un marrón enorme, ¿no? —¿Lo sabe tu madre?

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