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22 —¿Crees que estoy loca? —Sí —responde, sin pensárselo—, pero ya viene de mucho mucho antes. Oye, no puedo juzgar tu decisión, ¿vale? O sea, no es una decisión que yo vaya a tomar. Al parecer, tener cáncer y servir en el Ejército no son supercompatibles. Tenso los labios. —Ya… ¿Ya te han dado los últimos resultados? Le da un último sorbo al café. —Pues sí, la verdad. De ahí lo de la noche tecno en Lima Lima —sonríe; cuando lo hace, las pecas se le expanden sobre las mejillas y la nariz—. Iba a contártelo, pero en cuanto abro WhatsApp me encuentro con que vas a ir a la cárcel, por lo visto. Estoy limpio. Ahogo un gritito. —¡Yanky! —Le doy un golpecito en el brazo, a lo que él responde con su dramatismo de siempre—. ¡Haber empezado por ahí! —Ya, bueno, hoy todos tenemos noticias que dar, ¿eh? Y no seas tan violenta, que la cuestión de no tener cáncer es no morirse. —¿Y ahora qué pasa? —Que tú vas a la cárcel y yo no me muero. A no ser que quieras reconsiderar mi generosa oferta de matrimonio, claro. Pongo los ojos en blanco. —Ahora tengo una quimio flojita para asegurarme de que no me queda nada de enfermedad. Es en pastillas, así que no tengo que ir tanto al hospital. Y…, eh…,

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