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23 controles cada tres meses durante dos años. Así que sí, en un par de meses volveré a ser pelirrojo. Le doy un codazo en las costillas. —Echaré de menos el rapado. Te queda bien. —No puedes flirtear conmigo. Acabas de rechazarme dos veces. —Se pasa una mano por la cabeza, casi como si quisiese ilustrar mi afirmación—. Había pensado en hacerme un tatuaje antes de que me crezca el pelo, pero mi madre dice que la Torá los prohíbe. —Mi primo tiene tatuajes. —Tu primo es feo —dice, y ambos estallamos en una carcajada expansiva, gigantesca e inverosímil tan temprano por la mañana—. Hoy es su cumpleaños, ¿no? Me concedo un par de segundos para recobrar el aliento. —¿Y qué? —A lo mejor una reunión familiar es un buen momento para contar la verdad. —No sé, Yanky, no quiero sabotear su cumpleaños para decir que voy a la cárcel. —Cuanto más tardes, más difícil será. Además, tu primo cumple veintiséis. No creo que tenga mucho que celebrar. Ya sabes cómo son los millennials. —Me pasa un brazo por detrás de la espalda—. Estarás bien, Shoshi. Ahora estás metida en un marrón gigantesco, pero estarás bien al final.

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