28 Hay un motivo por el cual no te niegas a servir en el Ejército, simplemente. El Estado se formó con los supervivientes de los campos de concentración. El Estado se formó porque incluso después de la guerra, en Europa, seguían persiguiéndonos. Eso nos han enseñado siempre en el colegio. Ahora que mamá me tira de la manga de la camisa, me da la sensación de que lo hace con la fuerza de decenas de generaciones. —¿Qué has hecho, Shoshannah? —brama, y me zarandea—. ¡Avergonzar a la familia, eso es lo que has hecho! Mañana mismo vuelves a la Oficina y les dices que has cometido un error y que por supuesto que te vas a alistar, ¿me oyes? —No —digo, cogiendo aire mientras escucho cómo la tía Sara le susurra al tío Ari algo que suena muy parecido a «siempre hace lo que le da la gana»—. Ya me han mandado una carta, de todos modos. La semana que viene tengo que presentarme delante del comité que decide si eres pacifista o no. El tío Ari me señala con su tenedor, del que gotea el aceite brillante y dorado. —Pacifista —repite, despacio—, ¿cuando tu país está en guerra? ¡No tiene sentido ninguno! O sea, que estamos de alerta por el terrorismo, pero la señorita… —¡No tiene sentido! —cacarea la tía Sara—. Vives en los mundos de Yupi, Shoshannah. ¿Qué te piensas? ¿Que si no fuese por el Ejército no nos estarían atacando? ¿Quién te crees que eres?
RkJQdWJsaXNoZXIy