1801133

32 —¿Y qué sabes tú del Ejército? ¡Hoy en día os comen el coco! Israel es malísimo, ¿no? Ves a la gente protestar en la calle y no sabes ni por qué. ¿Y tu Nonna? ¿El tatuaje que tiene en el brazo? Si no fuese por este país, esta familia no existiría. ¿Crees que nos querían en Europa? ¿No crees que vinimos aquí porque nos estaban matando? Bajo la vista hacia mis puños cerrados, a los nudillos amarillentos, porque ya estoy llorando otra vez y no voy a darle al tío Ari la satisfacción de verlo. —No estoy en contra de mi país —digo, y en vano trato de que no me tiemble la voz—. Pero no quiero formar parte de las cosas que están pasan… —Y qué cosas están pasando, ¿eh? —brama el tío Ari, que le da un golpe a la mesa. —Pues el año pasado participé en un programa con chavales de mi edad, de Cisjordania, y nos contaron… Dov suspira, y apoya la frente en la palma abierta de su mano derecha. —Nadie está diciendo que la gente de Cisjordania no lo esté pasando mal, Shoshannah. Tía Sara chasca la lengua. —¡Déjala! ¿Crees que va a entrar en razón? ¡Siempre ha sido terca como una mu…! Ahora soy yo la que me levanto, y es este movimiento repentino el que hace que se calle de una vez. Estoy temblando incluso más que antes, como si estuviese desnuda en mitad de una tormenta de nieve, pero mis siguientes palabras son firmes, seguras:

RkJQdWJsaXNoZXIy